El drago cayó y ahí terminaron sus 260 años de historia gracias a la dejadez de las administraciones que ni quisieron ni supieron salvar a este emblemático ejemplar de la ciudad de Cádiz. Quisieron tomarnos el pelo diciendo que se podía salvar, pero a la vista del destrozo era evidente que no era posible. Ya solo nos quedan las fotos y sus hijos, pues al igual que ocurre con el drago de Icod de los Vinos mucha gente cogió una semilla y la plantó. Uno de estos hijos fue plantado por técnico de jardinería del ayuntamiento y ahora tiene 12 añitos por lo que algo nos ha quedado de este magnífico ejemplar. Ahora la centenaria araucaria se ha quedado sola en este pequeño callejón cerca de la Plaza de Mina.
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Hace 5 días

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