Una pedazo de medusa que de vez en cuando llega a nuestras costas. Así es la carabela portuguesa, un nombre que debe a que navega por los mares como si uno de estos grandes barcos se tratase. Su tamaño es impresionante, la "cabeza" puede llegar a 30 cm y los tentáculos pueden medir varios metros tranquilamente, no obstante, salvo que nos bañemos el día exacto de estos escasos varamientos no vamos a encontrarnos a estas medusas en nuestras playas pues son propias de mares más cálidos, especialmente en tropicales y subtropicales. Si nos las encontramos podemos mirar pero lo mejor es no tocar, dicen que son muy tóxicas y pueden darnos algún que otro quebradero de cabeza serio, por si acaso yo no las toqué.
Muros de piedra seca: tradición, paisaje y refugio para la biodiversidad
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