Las pocas veces que las he visto siempre ha sido a gran distancia, pero algo tienen que dan el cante y llaman la atención, lo que en principio parecía que iba a ser una garceta común o una garcilla bueyera resultó ser una garceta grande, mayor que las dos anteriores, con el pico tan largo como la garceta común pero amarillo como la garcilla bueyera. Y ni que decir tiene que mucho menos frecuente y abundante, la última vez que la vi en la zona fue en la Salina de la Tapa en 2009 aun más lejos que esta vez y en compañía de garzas reales con las que compite en tamaño.
Muros de piedra seca: tradición, paisaje y refugio para la biodiversidad
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Hace 18 horas

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