Tras un interesante paseo en el que observamos mariposas endémicas o nos contaban como en época de hambrunas se hacía gofio hasta de las semillas del amagante (Cistus sympithifolius) acabamos llegando al mirador donde pudimos disfrutar una espectacular vista del paisaje, las montañas completamente cubiertas de pino canario, comprobando como la mayoría de ellos se habían quemado alguna vez, y es que es uno de los árboles mejor adaptados al ciclo de incendios pudiendo resistir altas temperaturas durante largo tiempo y rebrotando en relativamente poco tiempo.
Sin embargo, al ser el primer contacto con La Caldera la vista y el recuerdo es impresionante, si nos pareció exagerado que hubiera desniveles de 1200 metros aquí termina esa idea, y es que, de verdad que no se podía ver el fondo, tan solo pinos y más pinos y lo que era más sorpredente es que en la ladera de enfrente, aparentemente inaccesible pudimos divisar con los prismáticos mientras veíamos las Chovas piquirrojas, animal que ostenta el símbolo de la isla, una especie de finca en plena ladera, y es que en cualquier lugar a alguein se le ocurre poner una casa...En este mismo lugar otro de los días pudimos ver como un helicóptero de rescate tenía que sacar a un excursionista que sobrevalorando sus fuerzas se internó por caminos demasiados duros y tras ser derrotado por el cansancio tuvo que recurrir a las fuerzas de rescate para salir de allí con el consiguiente cachondeo de los que lo ven continuamente año tras año.
Caprichosa es la la naturaleza como ya hemos podido ver en otras ocasiones y a veces nos regala con formaciones como esta que recuerdan una escalera colocada en plena ladera, realmente en este caso, tenemos que ver el Parque Nacional Caldera de Taburiente como una escalera a un mundo impresionante donde tierra y cielo se funden para crear un paisaje bello, mágico y espectacular y es que apenas habrían pasado un par de horas cuando vimos que el primer paisaje que nos llamó la atención había cambiado completamente con la llegada de las nubes que como cascadas se deslizaron por la montañas penetrando en el valle hasta cubrirlo dándole aspecto de algodón a la vez que las acículas de los pinos iban captando la humedad para luego distribuirla por la tierra al igual que el riego por goteo, cosa que como casi todas cuando vinimos a utilizar, la naturaleza, ya, las había descubierto.

La Ordenanza de Veladores de Sevilla una regresión ambiental
-
Ecologistas en Acción en los diferentes ayuntamientos abogan por una
gestión más rigurosa de las fuentes de ruido y una mayor protección para la
ciudadan...
Hace 1 día
No hay comentarios:
Publicar un comentario