La Crestería de la Sierra del Pinar es una de las rutas de mayor dificultad que podemos realizar en la provincia de Cádiz pues nos movemos por la zona más alta de la Sierra de Grazalema junto con las cabras montesas. Al estar en la zona de reserva es necesario solicitar permiso para poder realizar esta interesante ruta. Comenzamos en la carretera de Grazalema a Zahara, justamente donde se encuentra el aparcamiento y la caseta de control para el acceso al pinsapar.
El sendero comienza en el mismo punto que el pinsapar, y terminamos llegando al Torreón y descendiendo por el sendero del mismo nombre terminando la ruta en la carretera de Benamahoma a Grazalema. Muchos son los compañeros de viaje de la ruta entre los que nos encontraremos a buitres leonados y cabras montesas.
Una vez hemos ganado esta altura nos encontramos numerosos buitres, algunos incluso volando por debajo de nosotros y una pequeña sorpresa que muchos no esperaban; la imagen de Sierra Nevada al fondo dejando ver el Mulhacén y el Veleta, los picos más altos de la Península Ibérica. No solo veremos buitres en el aire sino también los aviones roqueros, los únicos miembros de la familia de las golondrinas que permanecen todo el año en nuestra provincia.
Al fondo se nos muestra el Parque Natural de los Alcornocales con sus picos más altos, El Montero y el Aljibe. Aunque las mejores vistas aun están por llegar y a muchos nos sorprendieron muy agradablemente. Como de costumbre al llegar al Torreón nos encontramos al Acentor alpino, un compañero de las subidas al Torreón que no falla ningún año. Se trata de un ave más propia del norte peninsular que presenta unos pocos individuos generalmente invernantes en las cumbres más altas.
Mientras esperábamos que cayera el sol, desde el Torreón, para emprender la clásica bajada nocturna nos percatamos de un detalle en el nunca habíamos reparado, la sombra del Torreón que en un instante se prolongó hasta el infinito penetrando claramente en la vecina provincia de Sevilla y haciendo sombra a media provincia de Cádiz.
Con una velocidad tremenda el sol se puso sobre el horizonte hata desparecer dejándonos esta peculiar vista en la que los rayos proyectados sobre las nubes nos dejaron unos tonos verdosos de sombrerillo sobre el astro rey. Una vez llegamos abajo del todo nos encontramos una preciosa luna llena cuya potente luz hacía innecesaria cualquier iluminación artificial. Una buena forma de terminar el año en plena naturaleza que finalizó con el clásico puchero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario