Unas colummnas de flores rosas de peculiar aspecto compiten en altura
con el resto de la flora, margaritas, gramíneas, etc.. en un ambiente
abierto y húmedo en la garganta de Escuaín. Si nos ponemos a contar
cuantas flores hay cada inflorescencia puede que no acabemos nunca, si
nos acercamos a observar estas florecitas, con cuidado de mojarnos
enteritos al agacharnos gracias al agua que retienen los pastos. Los
labelos recortados recuerdan la silueta de la letra M y los tépalos
laterales recuerdan a brazos que junto con los centrales parecen una
especie de machango con una capucha que abre los brazos y parece recibir
con los brazos abiertos a unos colegas indispensables, los insectos
polinizadores, dispuestos a echar un cable para mantener estos
pastizales llenos de bellas flores.
Muros de piedra seca: tradición, paisaje y refugio para la biodiversidad
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Hace 18 horas

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