
Los insectos siempre son sorprendentes, y esta libélula es una buena muestra ello. Si nos fijamos en la cabeza de este insecto nos podría parecer que lleva un enorme casco, queizás como los pilotos de avión, hasta podríamos verle una enorme sonrisa en una enorme boca, lo cierto es que la cara vista de cerca es otra cosa y ese es el momento, como dicen en
Un paseo Manchego, de alegrarnos de ser más grande que el insecto. Los ojos son grandes y desproporcionados que abarcan una gran superficie de la cabeza, a ambos lados e incluso por detrás un poco siendo además saltones, pero claro tratándose de un insecto hay que tener en cuenta que es un ojo compuesto por miles de pequeños ojitos que sumados todos ellos le da a la libélula una visión excepcional para lo que le interesa, claro. Esto es necesario para que la libélula pueda volar como vuela, con una extraordinaria agilidad que debe ser aun mayor que la de las moscas puesto que proporcionalmente los ojos son más grandes, además al ser un insecto cazador necesita tener aun mejor vista para localizar a sus presas y capturarlas. Y es aquí donde actua la enorme boca de la libélula, sus presas pueden ser más grandes que ella misma (mantis por ejemplo) y hay que comer rápido porque en la naturaleza salvo algunos privilegiados todos los animales corren el riesgo de ser comidos por otros en cualquier momento en la gran despensa naturaleza.