Que los pájaros llevan semillas a todas partes es sabido, pero que plantas como la alcaparra acaben creciendo pegadita al mar en el pedregal sin tierra del espigón era menos previsible que encontrarse una higuera u otra planta más habitual. Hasta tenía fruto y todo, eso si, con sus peculiares pinchos curvados hacia atrás que se encuentran en los tallos y que dan la sorpresa cuando se toca la planta. La flor es lo que más destaca de todo, un bosque de estambres y un tamaño enorme. En la sierra las hay a montones en los bordes de los caminos. Aquí, en el espigón, solo una y cargadita de flores.
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Petronor
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