Los últimos años habían sido muy buenos con respecto al tiempo permitiéndonos ver todo lo que se podía ver desde la cumbre, pero este año ha sido completamente diferente pues no se veía más allá de dos metros gracias a la densa niebla que envolvía la sierra del pinar, más que niebla era como estar en una nube. Una nube que además de la cortina que nos ofrece es una auténtica fuente de humedad que nos dejó más mojados que una avutarda. La combinación de humedad junto con el sudor propio de la subida hacía que llevar un abundante abrigo fuera un inconveniente más que una ventaja. Las gafas se empañaban por lo que había que continuar sin ellas. En definitiva una auténtica aventura por la montaña que a pesar de no ser de las más altas precisamente, en ocasiones nos muestra que la montaña no es para tomársela a broma.
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Hace 1 día
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