Las bandas de agujas llegan a la Salina de la Tapa donde descansan de sus larguísimos viajes migratorias, siempre agrupadas permanecerán aquí hasta que descansen bien, se alimenten y continúen. Entre tanto las cigüeñuelas que siempre están presentes, se dedican a lo suyo, a perseguirse, a volar y a aterrizar donde mismo están las agujas. El caso es que las agujas no participan en su juego y las cigüeñuelas actúan como si no estuvieran éstas. El resultado de todo esto es un baile que las cigüeñuelas ejecutan para las agujas estando éstas como espectadores de primera fila.
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