Dentro de la grandísima diversidad de los escarabajos es habitual encontrar escarabajos negros y ápteros, o lo que es lo mismo, que no pueden volar ya que no tienen alas y quedan restringidos a una vida en el suelo. Uno de los muchos que responden a esta descripción es la aceitera negra, un escarabajo grande, con el cuerpo alargado, reflejos azules y muy torpe en sus movimientos. Tan torpe que es fácil de capturar y por tanto ser comido. En estos casos donde el físico no acompaña para una buena defensa nos encontramos que la química cubre esta carencia siendo literalmente, incomible. Al escarabajo aceitero no se lo traga nadie ya que una vez que se intenta ingerir desprende rápidamente un chorro de aceite de olor desagradable y suponemos que de sabor también haciendo que sea inmediatamente escupido por el potencial depredador.
Un sendero fluvial para el río GuadaleteEl proyecto inicial presentado por
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