Se parece a la procesionaria en dos cosas, en que tiene una sola generación anual y en la cubierta peluda. Poco más, esta oruga como cualquier planta herbácea, de ahí el nombre de los prados, y no se alimenta de pinos, de hecho suele salir donde no hay pinos. Tampoco van en filas, cada una va a su aire devorando las hojas a todo ritmo para alcanzar un buen tamaño que le permita realizar la metamorfosis. Tampoco son urticantes ni mucho menos y si nos fijamos bien, tampoco tienen el mismo color. Puede encontrarse en cualquier sitio, especialmente en prados aunque el solar de una ciudad puede ser también un buen sitio. Aunque los adultos no son muy conocidos es de destacar que las hembras de esta especie son ápteras y no se mueven del nido en el que pondrán sus cientos de huevos. Suelen aparecer en invierno ya que son bastante resistentes al frío.
Muros de piedra seca: tradición, paisaje y refugio para la biodiversidad
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