En la Salina de la Tapa siempre están presentes, unas veces más rosados, otras menos, unos días se ven muchos y otros no tanto. En esta ocasión no había demasiados pero si que había ejemplares prácticamente de color rosa y es que mirando el agua podía verse que era rosa también, cargada de artemia que le da ese peculiar color al flamenco. No obstante al volar una buena parte del ala es de color negro así como la punta del pico. Es espectacular verlos alzar el vuelo ya que hay un momento en el que literalmente caminan sobre las aguas, una vez en vuelo, con su metro y cuarenta centímetros y su delgadez se convierte en un palo con alas.
Muros de piedra seca: tradición, paisaje y refugio para la biodiversidad
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Hace 18 horas

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