
Posiblemente uno de nuestros anfibios, tanto por su coloración como por su tamaño (puede alcanzar hasta los 20 cm) que nos puede resultar de las más llamativas . El cuerpo es negro con manchas amarillas, muy llamativas que nos indican la presencia de veneno. Son animales que se mueven bastante y no siempre los encontraremos pegados a un río o a una charca, este ejemplar se encontraba escalando por las paredes de la montaña cerca de Castellar, un lugar en alto donde aparentemente no se encuentran ni corrientes ni charcas de agua. En su
forma larvaria presenta branquias y aun no dispone de esa curiosa coloración. Las salamandras son urodelos, es decir, anfibios con cola (ranas y sapos carecen de ella) y es precisamente en los urodelos donde se encuentran especies con gran capacidad de regeneración, pueden regenerar miembros amputados (no solo la cola) algo que alcanza su máxima expresión en el ajolote (
Ambystoma mexicanum), un anfibio mejicano que es la forma neoténica (un adulto que conserva la forma de larva) de una especie de salamandra que no llega a metamorfosear. Son los urodelos (salamandra, tritón, ajolote) los que poseen esta capacidad y no los anuros (ranas y sapos) que pierden esa capacidad al completar la metamorfosis pero la mantienen siendo larvas. Así pues podríamos suponer que en los urodelos la transformación no es completa del todo (mantienen la cola) y por ello mantienen esa capacidad que parece estar relacionada con las células madre ya que la regeneración es completamente fiel al miembro perdido (en las lagartijas al perder la cola ya no se regeneran las vértebras), piel, huesos, aparato circulatorio, un proceso similar al que se da en los embriones. Sin lugar a dudas resulta algo fascinante que puedan regenerar no solo la cola sino también los maxilares, los dientes, el iris, cristalino y retina así como parte del tejido cardíaco.