Este otoño empieza a notarse justamente cuando está llegando a su final, cuando los árboles deberían estar pelados es cuando empiezan a amarillear y dejar su alfombra de colores en el suelo. En Las Alpujarras conviven dos ecosistemas separados por una gran diferencia de altura; un desierto en la parte alta, con alta insolación donde no se encuentran más árboles que los cultivados y en la parte baja del barranco las condiciones son muy diferentes ya que llega menos luz, se mantiene más humedad y si pasa un río no puede ser más diferente el paisaje. En el otoño, gracias a las bondades del clima florecen algunas especies herbáceas que colorean el paisaje marrón-amarillo de la caída de la hoja.
Muros de piedra seca: tradición, paisaje y refugio para la biodiversidad
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¡Hola a todos!
El otro día, dando un paseo, me fijé en un detalle que seguramente había
visto mil veces… pero esta vez me hizo pensar en algo en lo que n...
Hace 20 horas

1 comentario:
Qué bonito, me encantaría visitarlo algún día.
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