Cada uno de nosotros iba acompañado de un guarda del parque en diferentes zonas para avistar a estos animales y contarlos, un trabajo duro que requiere caminar y sobre todo madrugar pues más madrugan ellos y luego ya no se los vuelve a ver. Una de las salidas fue en Sestrales y otra en el Valle de Pineta, en el primer punto se vieron muchos más tanto a la ida como a la vuelta mientras que en el otro punto fue solo al llegar pues desaparecieron rápido. Aunque estuvieron a punto de desaparecer los rebecos (o sarrios) aun corren por el pirineo aragonés.
El Salado: algo más que un arroyo (1).Un recorrido por los paisajes y la
historia del arroyo Salado de Caulina.
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En diferentes ocasiones, hemos traído a estas páginas en las que
compartimos con los lectores nuestros recorridos por los paisajes y la
historia en torno a...
Hace 1 día